En la cuna nació una flor

santiguándose del dolor escénico.

En su despertar huyó del sosiego

y encontró su rúbrica barata

el romance en el revuelo.

La insondable duna

la que ruge en la tempestad de una noche,

resurge, ante el mar.

Ventisca,

discrepancia de un velo.

Quién nace pequeño el sol

quién determina la muerte

el delirio de Manhattan huye,

la mirada desierta determina,

el mar consigue la novia

y todos la santidad.

Quién ruge el león,

quién amansa la fiera: el despertar de Paris,

que inunda el bienestar.

Dame agradecimientos que no duelan,

dame penas que no hieran,

un huerto que florezca,

así como la bendición para vivir.

Quién nace en el trasiego,

sobrelleva la ensimismada,

engarza a los hombres y

huye de la muerte del siervo.

Dame condena por no recordarte, por perdonarte,

por no buscarte y por refugiarte.