Ando con dudas de lo que acontece. Mi última relación sentimental me dejo hueca como si salir de la obsesión que provoca cualquier ruptura te hiciera nacer de nuevo y tu vida pasada ya no tuviera ningún sentido ni efímero ni pretencioso. Me gusta hablar sola desde que soy niña y a menudo imagino a un interlocutor haciéndome preguntas en una eterna entrevista que vence mi existencia más banal que otra cosa. Vivo en Valencia y, supongo, que como todas las personas tengo un sinfín de problemas psicológicos por resolver. Tras años de terapia esos problemas siguen sin tener respuesta por lo que dejé de creer en píldoras mágicas, sanadores de poca monta y hasta en el arte de ver el futuro. Quizás estuve enamorada de mis padres, quizás recibí un maltrato por parte de algún compañero, quizás me hice responsable de asuntos que no eran de mi incumbencia y quizás sentí culpa, de la misma manera que otros no aceptan una autocrítica ni un soplido ajeno. Hace dos años me diagnosticaron esquizofrenia y la recibí con la misma cara con la que un niño tira una vasija, sintiéndome responsable de aquel tiro de cocaína mal dado o de ese porro consumido. A veces oigo voces, que me guían o me matan un poco, a veces tengo delirios de grandeza para soportar mi insignificancia, a veces los amigos se tornan en fantasmas y otras un desconocido en un amigo que te acuna por las noches.

Voy andando por la calle imaginando una canción de Leonard Cohen y hablando para mis adentros intentando que ese no parar de escuchar mi voz interna no sea leído por un viandante. Con todo soy comedida, pienso. Con todo, no quiero que mi mundo interno sea traducido por otros, algo me dice que sería peor.

“Los árboles se tuercen hasta enmascararse en el asfalto, las calles me recuerdan a ti, en un beso que ya no soporto, un atajo de dudas revuelven mi pelo; el día que te vi me deshice y el día que te invité volvieron los aciertos”

Me traslado hasta clase, donde me espera la congoja de verte. Sé que no te paso desapercibida y eso aumenta mi interés. Mi voz se mezcla con la tuya y así comienza mi amor esquizofrénico.

  • ¿Dónde vas?
  • A verte
  • ¿Qué pie calzas?
  • El 39
  • ¿Qué cantas?
  • Imito a Leonard Cohen, pero francamente me aburre
  • ¿Y por qué le imitas?
  • Para impresionarte y que me mires con más fuerza. Fíjate. “el amor en la calle no se huele: acongoja, el coche de la furtiva me mira con sus luces de neón mientras mi despiste me conduce hacia tus ojos”
  • Eso no suena a Leonard Cohen

Y sigo hablando contigo mientras miro los árboles de la avenida aquellos que cruzan con mi propia voz. No te veo pero sé que estás ahí. No te huelo pero sé que algún día me recordarás. No sé qué haces en este momento pero sé que eres para mí. Te espero, te sueño, te imploro y en ese transcurrir enfermo un poco más hasta mi primer ingreso.